Guayaquil, 26 de junio de 1918 - Guayaquil, 18 de diciembre de 1982 (
† )
La muerte es tan sólo terrible para aquellos que con la vida lo pierden todo; no para hombres como Don Eduardo Arosemena Gómez, cuya grata memoria no puede morir nunca y menos aún sus pensamientos, que dejó plasmados en el periodismo y el pueblo ecuatoriano y que hasta el día de hoy tienen vigencia:
Fue un magnífico amigo de sus trabajadores - sus compañeros, como él mismo decía - ; un ejemplar jefe de hogar y un señor que tenía la humildad de los grandes, porque jamás alardeó de su calidad de escritor y de su bien ganada fama.